Archive for Febrero 2007

Casi una estrella

Sábado a la noche. Fumo como un condenado mientras camino rápido hacia un antro de mala muerte. “Blues y algo de jazz”, dijeron mis amigos. Suficiente, por lo menos. Es algo.
Veo estas casas sin vida y el desapego me invade. Desde hace semanas tengo una sola idea en la cabeza. La idea del reo de cárcel, del hombre casado con una mujer insoportable, del marino con seis meses en el mar: escapar. No importa dónde. Pero quiero irme.
Esta ciudad intenta retenerme, pero sólo logrará centrifugarme más lejos. Igual, la espera me mata.
Con sorpresa veo a Carlos entre el mar de cabezas, a la entrada del bar: un hombrecito pequeño, con cara de niño viejo, su infaltable guitarra enfundada y colgada del hombro.

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2 comments Febrero 21, 2007

Continuo Brontëano

“¿Morirías conmigo?”

La inesperada pregunta rompía la amorosa atmósfera post coital, súbitamente contaminada por una fétida niebla de aberración y lobreguez. La muchacha hacía la pregunta, casi en un susurro, cuando la introspección silenciosa que le producía cada “te amo” llegaba a su clímax.
Los interlocutores recibían este repentino chorro de agua gélida en el pleno de sus ardientes ensoñaciones con reacciones diversas: asombro, temor, enojo, indiferencia, candidez o desprecio.
Pero era la pregunta correcta, inflexiva, que determinaba si esas promesas de amor y veneración tenían el enfoque correcto.
Aparte de formularla en el momento justo, cuando el amante ardía en su propio rescoldo pasional, sabía como debía ser respondida correctamente y discernir entre todos los matices posibles de un si. Porque hubo quienes contestaron “¡Sí!” con demasiada ligereza, sin entender que la pregunta no era figurativa, sino completamente literal. Otros, quizá, hubiesen contestado afirmativamente a largo plazo, pero entendieron que se les preguntaba si morirían ahora mismo y temieron consentir su temprana muerte en manos de una loca suicida.

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1 comment Febrero 18, 2007

Ricardo y el nene.

 

El siguiente es un ejercicio que hice con autorización de Cassandra Cross, quien escribió un relato conmovedor sobre una nena y sus rarezas, que me hizo recordar una historia de mi infancia. La bastardilla en el medio del relato, es una adaptación del suyo al mío. Los invito a leer ambos.

Puede parecer que de chico fui un encanto de criatura, todo el día leyendo libros y escribiendo mis fantasías en cuanta hoja en blanco había a mano. Para nada.
Por determinadas razones que todavía hoy desconozco, mis padres veían esto preocupante, y sin tomar en serio mis protestas, me mandaban a jugar. Pero no en el patio, solo, donde continuaba con mis desvaríos.
-Afuera, te dije.
-¡Ufa!
Salía el ratón de su cueva, frotándose los ojos, y empezaban los problemas. Al no ser demasiado frecuentador de la pandilla de la cuadra, siempre estaba negociando mi posición en ella.
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1 comment Febrero 18, 2007

El fracaso de la pasión.

Mientras terminaba su oficio vespertino, el Padre Guillermo notó ciertas miradas duras y ceños fruncidos en los pocos fieles presentes. Normalmente le resultaban afables o indiferentes.
Eran tan pocos que mientras repartía la eucaristía la fila no completaba la docena de personas.
Pensó, sin perder el hilo de la misa, en cómo se corren los rumores. Nadie le puede dejar de creer a un rumor.
Su mirada recorría la nave de la iglesia con rostro hierático, sin demostrar nada ni detenerse en nadie, pero totalmente consciente de la expresión parca de cada uno de los feligreses. Estas técnicas no escritas se aprendían en el seminario, cuando bajo la severa tutela de los diversos guías espirituales se aprendían los secretos de la misa bien cantada. Se aprehendían también el tono monocorde y la súbita subida de entonación cuando se hacía advocación solemne a alguna de las personas de la Santísima Trinidad, o a la misma Virgen (la favorita de siempre de los sacerdotes que tenían problemas con la opresiva mirada asexuada del Señor).

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2 comments Febrero 13, 2007

Maestros: Robert L. Stevenson

Lo que realmente define a un hombre son sus metas, y no sus logros. Leer lo que escribo no dice tanto de mí (tal vez, de mi impericia) como sí quizá lo haga ver a qué le apunto.

En esta serie, que llamaré Maestros, voy a honrar a quienes admiro. Si, no hay grandes sorpresas: gente que escribe bien y se lee mejor.

Robert L. Stevenson

Apología del Ocio

BOSWELL: Cuando no hacemos nada, nos aburrimos.

JOHNSON: Esa sucede, señor, porque como los demás están ocupados, nos falta compañía; si ninguno hiciera nada, no nos aburriríamos; nos divertiríamos los unos a los otros.

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Add comment Febrero 11, 2007

El retorno de los tartamudos.

“Las siete de la tarde y esta reunión se alarga como el rosario de un tartamudo”.
Esa frase se instaló -en otro nuevo segundo de descuido- rebalsando la vacuidad craneal que le producía la fatiga y el aburrimiento. Un estricto sentido de la caridad humana le impedía reírse sin culpa de los tartamudos, y le decía con tonito santurrón que tampoco ese era momento de reírse de nada.

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1 comment Febrero 5, 2007


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