Bodas y mentiras
La idea de juntarnos a todos los invitados solteros y solteras antes de la noche del casamiento había sido de la entusiasta pareja. Se aseguraba que en las bodas los invitados que asisten solos y en edad de merecer suelen estar a merced de su falta de timidez para departir y divertirse -lo cual se espera de ellos, hasta con impaciencia, como si aburrirse fuera una falta de decoro en tan gloriosa fecha-, por lo que nos habían convocado para reunirnos en una confitería de moda, en pleno centro nocturno de la pequeña capital provinciana.
Intenté negarme, a la tarde, sin herir la susceptibilidad de quienes ya habían suscripto contentos a esa idea estúpida, haciendo una llamada a mi interlocutora de confianza, la hermana del novio.
- Qué hielo quieren romper. Al casamiento voy porque si no dicen que soy un amargado -lo dije con una sonrisa irónica, tratando que se oyera por el teléfono, a fin de no parecer tal-. Pero ya sabés que pienso de los casamientos.
4 comments Marzo 26, 2007